El lunes fui detenida en Ushuaia por una causa de la que soy totalmente “inocente”.metiraaaaa… fui de paseo al presidio de Ushuaia, que ahora es un museo
Cuando entre al presidio percibí, el odio, el rencor, el dolor, la angustia, el miedo y la agonía que reina en ese lugar… escuche historias locas, dolorosas y escalofriantes…
Una de ellas la que les cuento a continuación.
Historia de un gran amor que terminó en tragedia
Josefina América Scarfó tiene hoy 86 años y el corazón muy débil. Vive en Congreso, a unas pocas cuadras de Callao y Sarmiento, donde hace 66 años la Policía acorraló a Severino Di Giovanni, anarquista expropiador, acusado de haber cometido varios asesinatos y robos. Severino tenía 29 años, y era el gran amor de Fina, que aún no había cumplido los 20..
Una romántica violenta relación fue la que unió a Severino y a Fina y tuvo todos los condimentos de una novela romántica. El era un hombre casado, padre de cuatro hijos, que había llegado a la Argentina huyendo del fascismo. Lector de Kropotkin, Malatesta, Reclús, Niestzche, Proudhon, este italiano de los Abruzos estaba convencido de que la violencia era el único método de lucha para terminar con una sociedad de explotadores. El periodista y escritor Osvaldo Bayer -que ha escrito la mejor biografía de Di Giovanni- lo calificó como un idealista de la violencia. Pero Bayer, en el final de la primera edición de su libro, reflexiona: Di Giovanni es un héroe con mala suerte, un hombre joven que tomó en serio todo lo que le decían los libros de su ideología. Ideología que, según se interprete, puede pasar de la bondad y el respeto por la condición humana en todos sus aspectos, a la más desesperada y violenta acción avasalladora justificada en el ideal de querer implantar la libertad absoluta para todo el mundo. Otros anarquistas -como los que editaban el periódico La Protesta- calificaron a Di Giovanni como un delincuente vulgar. Y el escritor y periodista Alvaro Abós no ahorra adjetivos para condenarlo: Terrorista, asesino feroz e implacable; esquizofrénico y neurótico, mataba él mismo obreros con sus bombas.
De este hombre violento se enamoró Fina Scarfó cuando no había cumplido los 15 años. Por primera vez, la amante niña de Di Giovanni revela aspectos íntimos de su relación con el anarquista expropiador. cuenta que Severino había conocido en un acto anarquista a los hermanos Alejandro y Paulino Scarfó: A ellos, precisamente, ha preguntado Di Giovanni si no conocen quién pueda alquilar una habitación para él y su familia. La casualidad se da: los padres de los Scarfó alquilan una habitación en su casa de la calle Monte Egmont (actual Tres Arroyos). Allí va a vivir Di Giovanni. Teresa Masculli, prima y esposa de Severino, era una campesina analfabeta, que no entendía de teorías conspirativas. En 1925, cuando se instalan en la casa de los Scarfó, ya es madre de dos hijos: Laura y Aurora. Después nacerán Ilvo y María. El matrimonio había llegado a la Argentina dos años antes, en mayo de 1923.En la casa de los Scarfó había un jardín. Según contó Fina, el primer diálogo que tuvo con Severino fue a propósito de las flores. ¿Cómo están las begonias?, preguntó él. Están tristes, respondió ella. Fina estudiaba segundo año del liceo, y era una alumna brillante. Fue un amor oculto, apasionado. La colegiala y el anarquista empezaron a verse a la salida de la escuela; después, las estaciones de subte fueron un refugio. Severino le escribía cartas de adolescente enamorado. Amiga mía: Tengo fiebre en todo mi cuerpo. Tu contacto me ha atestado de todas las dulzuras. Jamás como en estos larguísimos días he ido bebiendo a sorbos los elixires de la vida, le escribe. El le hablaba y le escribía siempre en italiano; ella le respondía en castellano. Soy tu rubio malo, le decía él, cariñosamente. Mi rubio adorado, le contestaba ella. Pero el final trágico estaba cercano. Llegaron a convivir en una casa quinta de Burzaco, con nombres supuestos. Con ellos vivió el silencioso e introvertido Paulino, el más fiel discípulo de Di Giovanni. Pocas horas antes de que fusilaran a su amado, Fina Scarfó -en esos cinco minutos de despedida- le susurró: Severino, seré tuya para siempre.
La Penitenciaría Nacional albergó a muchos presos estelares que tuvieron destinos dramáticos. Algunos terminaron en el congelado presidio de Ushuaia. Otros, delante de un resuelto pelotón de fusilamiento.
Estos son los nombres más notorios de los detenidos que pasaron por la penitenciaria: El negro Cartucho, envenenador; Simón Rodowistzki, anarquista que mato al jefe de policía Ramon L. falcon; el asesino Santos Godino, el Petiso orejudo Mateo Banks, que extermino a toda su familia; sacomano, Letieri y Bonfiglio, asesinos de la telefonista Salas y juan C.Vintri, líder de un grupo que mató, luego de secuestrarlo, al cordobés Abel Ayerza.
Después de varias horas en ese lugar, sentí nostalgia… tristeza, y pena! Por aquellas personas.
No se… pero un escalofrío recorrió mi cuerpo y hasta sentí ganas de llorar.
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